Hablamos con Laura Cardús, Delegada de Acciones Educativas de la AFEV. Queremos saber cómo se está adaptando el personal técnico, el voluntario y las personas mentorizadas a la nueva situación de confinamiento.

¿A qué colectivo va dirigido vuestro programa de mentoría?

A niños, niñas, adolescentes y jóvenes, desde primaria hasta secundaria postobligatoria y, en algunos casos, primer curso universitario. Son personas que han sido detectadas por profesionales de los equipos educativos y que, por su situación particular de vulnerabilidad, pueden tener menos oportunidades que otros (por recientes procesos de migración, precariedad económica en la familia, situaciones particulares de dificultad…) y pueden beneficiarse de un acompañamiento voluntario durante el curso escolar. Sus mentores y mentoras son personas adultas jóvenes.

¿Qué beneficios aporta la mentoría a estas personas?

Tienen el acompañamiento desinteresado de una persona joven que voluntariamente decide pasar un rato semanalmente con ellos y ellas. Esto les permite sentirse apreciad@s, escuchad@s, más válid@s y tener nuevos estímulos y conocimientos. Los tándems (parejas de mentoría) hacen actividades en el marco de la educación informal que, complementando el trabajo que hacen las familias, las escuelas e institutos y, cuando es el caso, otros servicios y profesionales, facilitan una mayor autonomía, autoestima y motivación en los chicos y chicas participantes. Algunos de nuestros tándems hacen, además, actividades artísticas (música, circo, teatro musical) o deportivas (vela, kayak…) que permiten además trabajar otras competencias y que tienen beneficios que se suman a la mentoría.

¿Cómo os afecta y cómo os estáis adaptando a la situación del confinamiento/COVID19?

De entrada el vínculo ha tenido que dejar que ser presencial y a pasado a ser virtual, en la distancia y a través de medios digitales. Esto no es fácil para todo el mundo, no solamente por la brecha digital que excluye a una parte de la sociedad de los medios de comunicación digital, sino también por la falta de hábito de algun@s chic@s o la frialdad y distanciamiento que a veces estos suponen.

Como entidad hemos priorizado que se mantengan los vínculos creados previamente, sin ser exigentes en la calidad de las actividades realizadas y con una gran amplitud de miras en cuanto a los formatos, frecuencias, etc., de los encuentros de mentoría. Lo importante es que los tándems se sigan encontrando, que los chicos y chicas se sientan acompañados y que haya siempre alguien ahí disponible para ellos/as. Por este motivo, hemos provisto de recursos y de formación (ideas sobre qué hacer, cómo contactar, como comunicarse en la distancia, etc.) a los mentores y mentoras, y estamos manteniendo contacto con las familias y los mentorad@s que se encuentran en situaciones más difíciles. Evidentemente el equipo sigue haciendo acompañamiento profesional a los tándems para apoyar la acción educativa de la mentoría.

¿Con qué dificultades os estáis encontrando estos días? ¿Y con qué apoyos solidarios inesperados?

La principal dificultad es la falta de medios físicos para llevar a cabo el contacto (familias donde solamente hay un ordenador para tod@s, un teléfono que solamente tiene datos, no hay wifi, etc). Esto, obviamente, también añade dificultad en los estudiantes para que puedan seguir, en el caso que lo hagan, las tareas escolares o el contacto con el mundo exterior (otros familiares o amigos), ya que no pueden salir al exterior en ningún caso. Estamos trabajando con la Coordinadora de Mentoría Social para intentar proveer a las familias que se pueda de algún medio para paliar estas situaciones y facilitar que se siga el contacto virtual con el mentor o mentora.

La otra gran dificultad son las situaciones de precariedad y malestar que están sufriendo muchos hogares, no solamente por la emergencia de salud, que también les afecta en algunos casos, sino también por la inestabilidad económica y laboral que ha conllevado y que tendrá efectos a medio y largo plazo.

Lo que más nos sorprendió positivamente al inicio de la cuarentena fue darnos cuenta de que, antes de que ya hubiésemos dado instrucciones sobre cómo proceder a todo el voluntariado de la entidad, muchos y muchas ya estaban, de forma natural, en contacto con sus mentorizad@s, realizando llamadas o chats de forma espontánea, reproduciendo su relación de mentoría. No podemos subestimar la capacidad de adaptación que tienen los chicos y chicas y la naturalidad en que muchos/as emprenden las relaciones digitales.

Por otro lado, también nos gustó ver la reacción de algunas de las personas que no estaban haciendo mentoría en esos momentos, que se volcaron en la entidad ofreciendo apoyar en lo que se necesitara, hacer de mentor@s ad hoc si había alguna baja durante el confinamiento, y creando y compartiendo recursos para distraer, educar e informar a los chicos y chicas en estos momentos. Hay mucho amor y ganas de ayudar, sentirse útil e intentar paliar la catástrofe que esta situación representa para algunos colectivos.

¿Qué consecuencias está teniendo la situación actual para las personas mentoradas del colectivo con el que trabajas?

La enorme mayoría son menores de edad, por lo que están confinados/as el 100% del tiempo dentro de sus hogares con sus familias. Las situaciones de precariedad habitacional, económica, laboral o de salud de cada hogar pueden ser diversas. Pero una cosa que sí comparten es que pertenecen en su mayoría a los barrios dónde más fuerte ha pegado el contagio y en los que hay mayores índices de pobreza, economía sumergida e infravivienda. Por lo tanto, sus condiciones de confinamiento están lejos de ser idóneas para su salud mental y física. Esto se traduce en mayor decaimiento, sensación de soledad e incertidumbre, asunción de tareas y roles que no les corresponden por edad y, como consecuencia, menos posibilidades de seguimiento educativo.

¿Qué consecuencias puede tener a medio-largo plazo?

En lo que nos afecta como asociación, lo que más nos preocupa es el impacto educativo que va a tener para los alumnos que parten de una mayor vulnerabilidad esta desescolarización y falta de continuidad educativa. Sale a la superficie la importancia de la institución escolar y de todos los servicios complementarios (como los que aportan las entidades del tercer sector) para fomentar una relativa igualdad de oportunidades educativas y, por lo tanto, una menor exclusión social futura. Al final, la crisis sanitaria reportará una crisis social y económica que, a nivel educativo se traducirá en más segregación: los chicos y chicas de clase media o clase alta habrán pasado, quizás, un pequeño bache a causa del confinamiento, mientras que para el resto será un auténtico cataclismo para su éxito escolar.

¿Puedes dar algún ejemplo anónimo sobre alguna situación concreta que os hayáis encontrado estos días?

Alumn@s que no tienen los medios para seguir las tareas por no tener conexión a internet desde casa se conectan con sus mentoras por teléfono y éstas pasan los resultados de las tareas a un drive para hacérselas llegar al profesorado.

Voluntariado mentor que trabaja en servicios sociales o sanitarios esenciales y que, igualmente, ha encontrado tiempo en sus agotadoras jornadas laborales para charlar un rato con su mentorizad@ y mostrarle que sigue disponible y que puede contar con él o ella.

Mentorizad@s que tienen a su mentor o mentora indisponible por estar enferm@ (o por tener algún familiar cercano ingresado grave) y que son incluidos por otros tándems en sus encuentros on-line para echar algunas partidas de un juego o charlar un rato.

¿Por qué es importante que los programas de mentoría sigan activos durante las semanas de confinamiento?

Tod@s deberíamos poder contar con una red de apoyo que nos permita desarrollarnos dignamente como personas y crecer con salud y oportunidades. La mentoría solamente reproduce relaciones saludables y positivas que son necesarias y se hacen muy importantes en los momentos de transición vital. En un momento de incertidumbre y miedos como el que vivimos son clave los servicios profesionales públicos que tienen que velar para que nadie quede excluido de satisfacer sus necesidades básicas (techo, comida, educación, salud).

Los programas de mentoría, por su lado, ayudan a compensar la falta de red o de recursos propios de la unidad familiar. En un momento así, con un confinamiento tan estricto para los chicos y chicas, una figura externa que devenga un soplo de aire fresco, una ventana al mundo y una fuente de ideas, esperanza y descompresión, nos parece también esencial. Queremos lograr que el impacto para ell@s sea el mínimo posible dentro de nuestras limitaciones y queremos ayudarles a pensar en un futuro brillante y lleno de posibilidades, cuando todo esto termine. También pensamos que, a pesar de que todo en su vida cotidiana ha cambiado –ya no van a clase, no juegan en el parque o en las canchas, no ven a sus amig@s o a sus abuel@s–, hay alguien que sigue ahí y que, justo ahora, no va a dejar de estar disponible.

La Coordinadora de Mentoria Social (CMS) es la organización que coordina el programa de mentoría grupal dentro del Programa Català de Refugi de la Generalitat. Nuestro rol desde 2017 en dicho programa es generar un modelo de intervención en mentoría adecuado a los objetivos que la Generalitat se plantea trabajar con el mismo y coordinar al equipo que lo implementa.

Hoy hablamos con Mar Avendaño, miembro del equipo de la CMS y Coordinadora Técnica del Programa de Mentoría con Personas Refugiadas de la Generalitat de Catalunya.

¿A qué colectivo va dirigido vuestro programa de mentoría?

Nuestro programa va destinado a personas refugiadas, personas que tienen reconocida la protección subsidiaria o solicitantes de protección internacional que están residiendo en Cataluña y que no han alcanzado una plena autonomía. Ofrecemos la mentoría tanto como herramienta de empoderamiento individual como grupal a personas o unidades familiares que, a pesar de tener las necesidades básicas cubiertas, no disponen de una red social amplia o diversa, con falta de referentes propios. Personas que, entre otras limitaciones, conocen poco el entorno o tienen dificultades para participar en él y afrontan en muchos casos un itinerario incierto con transiciones complejas.

¿Qué beneficios aporta la mentoría a estas personas?

El objetivo general del programa es acelerar el alcance de una autonomía personal, social y económica por parte de las personas mentoradas, trabajando ejes complementarios y adaptándose a sus necesidades específicas. De los beneficios que les aporta su participación en el programa, algunos son comunes a los proyectos de mentoría, como el refuerzo de su autoestima y la confianza, un mayor bienestar emocional o una ampliación y diversificación de la red social. Otros son más específicos de la problemática propia del colectivo atendido, como puede ser el aprendizaje o consolidación de idiomas, el descubrimiento del entorno cultural, social y económico o el refuerzo en su itinerario profesional.

Tener un grupo de personas que se preocupa por ellas, que les da a conocer el entorno, que las acompaña en momentos y procesos complicados, que aporta recursos e instrumentos para abordar la situación presente y para construir un proyecto personal y profesional de futuro, representa una gran diferencia a la hora de afrontar su establecimiento en el país de acogida. Un establecimiento marcado por unas deficiencias estructurales en las políticas de acogida, un periplo lleno de trabas administrativas y dificultades para acceder a una vivienda y a un trabajo.

¿Cómo os afecta y cómo os estáis adaptando a la situación del confinamiento/COVID19?

Como todas, hemos tenido que adaptarnos al teletrabajo, poner en suspenso los encuentros presenciales entre mentoras y mentoradas y cancelar la organización de actividades grupales (excursiones, encuentros de intercambio, formación de personas voluntarias…). En un primer momento, la prioridad ha sido la adaptación telemática de las relaciones de mentoría activas y de su seguimiento y supervisión, para hacer frente al contexto de alarma sanitaria y confinamiento y gestionar las incidencias: asegurarnos que todas las personas que participan en el proyecto están bien, adaptar el marco de la relación (objetivos, frecuencia y contenido de los encuentros) y, como no puede ser de otra manera, aportar recursos a las personas mentoras para afrontar esta situación y ayudar a hacerlo a las personas mentoradas. Recursos orientados a dar respuestas a las preocupaciones y necesidades inmediatas, pero también recursos para reorientar y avanzar telemáticamente en los planes de trabajo de las personas mentoradas.

Hemos realizado una planificación para el período de confinamiento y hemos apostado por, más allá del mantenimiento de las relaciones ya iniciadas, adaptar nuestra intervención para poner el programa como recurso para afrontar esta complicada situación. En este sentido, estamos implementando procesos telemáticos de selección y formación de persones voluntarias y estamos iniciado relaciones de mentoría online para afrontar esta crisis con, eso sí, horizonte de futuro y presencialidad, si ambas partes así lo desean.

¿Con qué dificultades os estáis encontrando estos días? ¿Y con qué apoyos solidarios inesperados?

Las dificultades son diversas. Por un lado, no está siendo fácil asegurar la conectividad de las persones mentoradas y en algún caso también de las personas mentoras, aunque con la movilización de recursos esperamos solucionarlo pronto. Más complicado es encontrar alternativas para aquellas personas que, por tener un nivel muy bajo de comprensión del castellano y/o dificultades en el uso de las TIC, no están en disposición de poder aprovechar de la misma manera la mentoría online. En otras ocasiones nos encontramos con personas que no se proyectan en iniciar la relación de mentoría de forma telemática, tanto por parte de las personas voluntarias como de las personas derivadas. Analizamos cada situación y establecemos la actuación que nos parece más pertinente.

Por otro lado, a nivel técnico estamos saliendo de nuestra zona de confort, revisando el modelo de intervención en pocos días, afrontando nuevos retos y generando herramientas y material adaptado al trabajo telemático. Un momento en el que no bajamos los brazos y reforzamos el trabajo en equipo, pero en el que también debemos gestionar las propias emociones y situaciones personales de cada miembro del equipo.

Los apoyos han sido también diversos. Como tantas, hemos podido aprovechar la inmensidad de recursos generados y difundidos estos días. Existe una movilización de muchos actores para compartir, aportar y ayudar a difundir. Pocas veces se gestan sinergias y colaboraciones con tanta agilidad. Esta pandemia nos a confinado, pero en cierta manera también nos ha conectado.

¿Qué consecuencias está teniendo la situación actual para las personas mentoradas del colectivo con el que trabajas?

En el programa participan personas mentoradas en situaciones diversas. Algunas están todavía residiendo en centros de acogida, algunas en su propia vivienda o en viviendas compartidas y algunas en soluciones temporales, por lo que la vulnerabilidad a la transmisión de la Covid-19 y la afectación por el confinamiento es también muy diversa. La necesidad inicial más generalizada ha sido el acceso a información sobre el virus y las medidas de higiene y aislamiento en su propio idioma.

En la mayoría de los casos, las personas mentoradas viven sujetas a las exigencias del sistema estatal de acogida para solicitantes de protección internacional y dependen en mayor o menor medida de las ayudas percibidas. En este sentido, sus principales preocupaciones han estado relacionadas a tramites jurídico-administrativos. El Gobierno ha garantizado, por el momento, las ayudas para migrantes y refugiados del sistema estatal de acogida y se ha suspendido temporalmente la obligación de disponer de documentación en vigor para continuar percibiendo ayudas cuando su renovación no sea posible. Sin embargo, y en mayor o menor medida, las personas mentoradas afrontan un nivel de vulnerabilidad, y sobretodo de inestabilidad, que se ve aumentado por la paralización generalizada.

También hay consecuencias positivas. Algunas mentoradas han reforzado su vínculo con sus vecinas y su comunidad. La crisis sanitaria ha generado ciertas ofertas laborales que pueden representar una oportunidad para alguna persona mentorada y, como a todas nosotras, esta crisis también les está servido para aprender.

¿Qué consecuencias puede tener a medio-largo plazo?

Se hace evidente que, más allá de la urgencia sanitaria y de tragedia humana que ha provocado el Covid-19, esta pandemia mundial está generando una crisis económica y social que afectará profundamente a las personas en situación de vulnerabilidad y a las organizaciones que trabajan para proteger sus derechos y dar respuesta a sus necesidades. Se hace difícil dimensionarla. Se hace difícil, a día de hoy, estimar cuándo recuperaremos una “normalidad”, saber si las lecciones aprendidas de la crisis financiera de 2008 servirán de algo, conocer sus efectos a medio plazo sobre los flujos migratorios y sobre el sistema estatal de acogida… Pero sí que sabemos que el bloqueo económico y sus efectos incidirán más en las personas que ocupan los estratos más vulnerables de nuestro mercado laboral, entre las que muchas veces se encuentran las personas refugiadas.

¿Puedes dar algún ejemplo anónimo sobre alguna situación concreta que os hayáis encontrado estos días?

Nos hemos encontrado con que algunas relaciones han tomado una nueva dimensión gracias a los encuentros telemáticos. Pienso en un tándem que tenia ciertas dificultades para cuadrar las disponibilidades y que, desde el confinamiento, no solo ha reforzado el vínculo, sino también la intensidad de su plan de trabajo. Se han transgredido ciertas barreras que hasta ahora mantenían, como conocer la vivienda de unas y otras o compartir con otros miembros de la familia. Se ha generado una dinámica muy bonita en la que comparten más profundamente.

¿Por qué es importante que los programas de mentoría sigan activos durante las semanas de confinamiento?

En primer lugar, para poder dar continuidad a las relaciones ya establecidas y a su seguimiento y supervisión técnica en un momento crucial. Al hablar de mentoría, hablamos de construcción de un vínculo de confianza. Poner las relaciones en suspenso de repente a causa de motivos externos a las partes y en un contexto de alarma como el que vivimos nos parecía irresponsable y poco pertinente.

Precisamente, la situación que estamos afrontado como sociedad ha puesto de manifiesto la importancia del vinculo entre las persones, del sentirse acompañado, del compartir y del ayudar… La mentoría no solo puede ser un antídoto contra el aislamiento, sino que, como herramienta social, puede aportar grandes beneficios y tener un impacto positivo destacado. En este sentido, nos parecía evidente el valor que puede aportar en esta crisis tanto a corto como a medio plazo y, por lo tanto, la necesidad de mantener y reforzar nuestra actividad.

* Artículo publicado en inglés el 2 de abril de 2020 en The Chronicle of Evidence-Based Mentoring. El artículo se basa en datos de Estados Unidos. Puedes leer el original aquí.

Por Jean Rhodes
A pesar de que parece que el COVID-19 no está teniendo consecuencias graves de salud para los niños y niñas, la juventud de los entornos más vulnerables es la que más probabilidades tiene de sufrir gravemente el trauma y las consecuencias económicas. Esto supone serias implicaciones para los programas de mentoría, que a menudo se dirigen especialmente a jóvenes en riesgo de exclusión. Por ejemplo, un análisis sobre los dos millones de personas jóvenes de entre seis y dieciocho años, a quienes la organización Big Brothers Big Sisters of America ha atendido durante la última década, reveló que la mayoría de ellas provenía de familias con rentas bajas (78%) y/o pertenecía a unidades familiares monoparentales (61%).[i]

Del mismo modo, en 2018 una evaluación con 2.165 jóvenes americanos que participaban en treinta programas de mentoría a nivel nacional constató que cerca del 70% de las personas mentoradas procedía de entornos vulnerables con raíces étnicas no mayoritarias.[ii] La gran mayoría (85%) de las familias de las personas mentoradas declaró que sus hijos e hijas habían experimentado estrés familiar recientemente (con familiares con problemas de drogas, discusiones familiares frecuentes o situaciones de estar sin hogar), mientras que más de tres cuartas partes (76%) constató que su descendencia se enfrentaba a adversidades económicas y preocupaciones de seguridad (como inseguridad de vivienda, inestabilidad en el trabajo de los progenitores, o pandillas o drogas en el barrio), teniendo las familias participantes unos ingresos medios anuales de entre $20.000 y $30.000.

Comparadas con la media nacional de juventud, las personas mentoradas tenían aproximadamente dos veces más probabilidades de estar viviendo en una situación de pobreza extrema, en unidades familiares monoparentales y de tener algún miembro de la familia en la cárcel. [iii]

A menudo, la juventud experimenta el estrés y la ansiedad tanto como sus ascendientes, especialmente aquellas personas que ya de por sí pertenecen a entornos vulnerables. En un excelente nuevo artículo para The Atlantic, citado más abajo, el periodista Vann R. Newkirk II explora las vulnerabilidades de los tipos de juventud a los que se dirigen los programas de mentoría.

«Para los niños y niñas que pasan tiempo en múltiples hogares, que cuentan con figuras externas para la orientación o mentoría, o que están acostumbrados a tener un flujo de familiares entrando y saliendo de casa, las continuadas medidas de confinamiento implicarán una separación profunda de esas personas que les brindan atención. Por muchas videollamadas que hagan, nada puede sustituir la ayuda que reciben de sus tíos, tías, abuelas o entrenadores. Para muchos jóvenes, esos apoyos son su principal puerta de escape de sus hogares tóxicos –o incluso peligrosos.

Mientras la mayoría de población adulta sigue trabajando o mantiene otras rutinas, la escuela es la principal fuente de estructura y sociabilidad de los menores. Los niños y niñas tienen vidas sociales ricas, a menudo experimentadas casi exclusivamente en la escuela y en las actividades extraescolares. Además, las escuelas son las principales proveedoras de muchos servicios esenciales. Como se debatía recientemente en la ciudad de Nueva York, las escuelas son la única herramienta que impide que algunos niños caigan en situaciones de inseguridad alimentaria. Incluso puede que las escuelas sean el único sitio en el que algunos tengan acceso a algún tipo de cuidado de la salud dental, física o mental; actividad física rigurosa; o agua potable. Un resumen de 2019 sobre los centros de salud escolares formales constató que éstos proporcionaban servicios de atención primaria a más de 6 millones de estudiantes en casi 11.000 escuelas. Los hogares de bajos ingresos ya están luchando para lidiar con el aumento de precios del agua municipal. Ahora, además, una fuente gratuita de agua para los menores de entornos vulnerables se acabará en algunos sitios durante un mes o más.

Las abrumadoras consecuencias económicas de la pandemia del coronavirus añaden una nueva dimensión de sufrimiento a la experiencia de la juventud. Los números no alcanzan a capturar la realidad de la situación. En medio de la inmovilidad masiva de sectores industriales enteros, quizás una quinta parte de todos los trabajadores han perdido sus trabajos o han visto sus jornadas reducidas en cuestión de días. Si la pandemia termina desencadenando en una recesión, los datos de las crisis anteriores indican que la seguridad alimentaria, la salud física y, en general, el bienestar de los menores va a disminuir, y rápidamente.

Rand Conger, profesor emérito en UC Davis e investigador de las consecuencias intergeneracionales de la pobreza, me dijo que los datos de las recesiones anteriores son claras, y que a penas estamos empezando a ver sus efectos. Conger estudió la crisis agrícola en los años 1980s, e hizo el seguimiento de los patrones de desintegración de las relaciones matrimoniales y parentales, además de los picos de abuso a menores. “Fue muy devastador para muchas familias,” dijo Conger, “y los castigos severos suelen aumentar.” La negligencia y abuso de menores suelen seguir a grandes eventos traumáticos, inestabilidad económica y al estrés. Lamentablemente, puede que ya esté sucediendo. Según consta, en un solo hospital en Fort Worth, Texas, se han tratado a seis menores con heridas severas relacionadas con el abuso físico. Los médicos creen que los casos están relacionados con el estrés experimentado por sus progenitores a causa de la pandemia.

Todas las evidencias sugieren que los menores –y especialmente los pobres– llevarán una increíble carga durante la pandemia y sus consecuentes shocks económicos. Pero está resultando difícil que estas evidencias se trasladen al debate nacional, actualmente dominado por las tasas de mortalidad y las estrategias de teletrabajo. Bruce Lesley, presidente de First Focus on Children, me trasladó que este perjuicio podría tener consecuencias para los menores. “Es todo aquello en lo que la gente no está pensando en relación con esta crisis y cómo alimenta los problemas existentes y los empeora,” dijo. “En muchos sentidos, creo que la gente no está captando todos estos temas.”

Es un ejercicio macabro y que provoca ansiedad –el hecho de intentar prever todas las cosas que podrían terminar mal– pero es un ejercicio que Lesley considera necesario para poder trabajar proactivamente para salvar a los niños y niñas. Además de mantener los pagos directos a las familias durante la crisis, Lesley aboga por una expansión del Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP en sus siglas en inglés), un aumento en los fondos de apoyo federal para menores sin hogar o en hogares de acogida, y una moratoria nacional de los desalojos. En una nota positiva, hay muchísimas lecciones para aprender de eventos como la Gran Depresión (de 1929), la crisis del VIH y el Huracán Katrina que pueden ayudar al país a prepararse para proteger a la generación más joven.

El coronavirus es un monstruo desconocido. Al romper con los lazos intergeneracionales, altera las formas en que las familias habían lidiado con los desastres tradicionalmente. Es especialmente difícil de combatir en la época actual de economías interconectadas. Y, por alguna peculiaridad biológica, parece que el virus no está afectando a los niños y niñas. Todos estos factores pueden llevar a los americanos a pensar en esta situación como algo nuevo, a sentirse aliviados por su piedad selectiva. Pero la consecuencia más probable de esta pandemia, como en otros momentos de la historia, será evidenciar de nuevo las injusticias más básicas. Para los menores y sus familias, esto podría significar que las tasas de mortalidad son solo el principio de la historia.»

Para leer el texto original en The Atlantic, sigue este enlace.


[i] Jarjoura, Tanyu, Herrera, & Keller. Evaluation of the Mentoring Enhancement Demonstration Program.

[ii] Children’s Defense Fund. (2014). The State of America’s Children. Washington, D.C.: Children’s Defense Fund.

Mental Health America. (2017). 2017 State of Mental Health in America. Alexandria, VA: Mental Health America.

National Center for Educational Statistics. (2017). The condition of education. Washington, D.C.: NCEC. Retrieved from https://nces.ed.gov/pubsearch/pubsinfo.asp?pubid=2017144

[iii] Danielson, M. L., Bitsko, R. H., Ghandour, R. M., Holbrook, J. R., Kogan, M. D., & Blumberg, S. J. (2018). Prevalence of parent-reported ADHD diagnosis and associated treatment among U.S. children and adolescents, 2016. Journal of Clinical Child and Adolescent Psychology, 47(2), 199–212. https://doi.org/10.1080/15374416.2017.1417860

Eisenhower, A., Blacher, J., & Bush, H. (2015). Longitudinal associations between externalizing problems and student-teacher relationship quality for young children with ASD. Research in Autism Spectrum Disorders, 9, 163-173. doi:10.1016/j.rasd.2014.09.007.

Raposa, E. B., Rhodes, J. E., & Herrera, C. (2016). The impact of youth risk on mentoring relationship quality: Do mentor characteristics matter? American Journal of Community Psychology, 320–329. https://doi.org/10.1002/ajcp.12057

Jarjoura, Tanyu, Herrera, & Keller. Evaluation of the Mentoring Enhancement Demonstration Program.

Herrera, C., DuBois, D. L., & Grossman, J. B. (2013). The role of risk: Mentoring experiences and outcomes for youth with varying risk profiles. New York, NY: MDRC.

Hablamos con Lores López, coordinadora de Dones Mentores Emakume Mentoreak, durante las semanas de confinamiento debido a la pandemia global del COVID-19.

¿A qué colectivo va dirigido vuestro programa de mentoría?

Dones Mentores Emakume Mentoreak dirige su acción a mujeres que sufren o han sufrido violencia machista. Asignamos mentoras en algunos casos para acompañar a mujeres en sus procesos de salida de violencias machistas, por un tiempo determinado y con unos objetivos concretos.

¿Qué beneficios aporta la mentoría al colectivo?

La mentoría con perspectiva de género incorpora elementos cualitativos diferenciados en la intervención con mujeres que sufren de violencias machistas. Anexa flexibilidad en la atención de las mujeres sin tener que cambiar los sistemas ya diseñados, pero mejorándolos. Lo afirmamos porque a través de la mentoría las intervenciones son más globales e integradas en todos los aspectos de la vida de las mujeres, tanto dentro como fuera de los servicios. En un momento de especialización de los equipos técnicos, fruto de un cuerpo jurídico de atención especializada e integral, la mentoría constituye un paso más que contextualiza la experiencia adquirida, pone en valor los procesos de superación y funciona horizontal y multidireccionalmente.

Dones Mentores Emakume Mentoreak pone el foco en las mujeres; las mentoras supervivientes, como protagonistas y piezas centrales para el acompañamiento de otras mujeres. En los casos de las mentoras que no han pasado por situaciones de violencia machista, su capacidad de acompañar desde el reconocimiento de lo que significa ser mujer en un sistema patriarcal, se convierte en una palanca de transformación y participación comunitaria de un fuerte impacto. Las redes «mixtas» de mujeres desde el punto de vista de la violencia, se convierte en uno de los activos del programa porque evita la estigmatización que para muchas significa haber sufrido violencia. Todas son mentoras y todas ponen su experiencia al servicio de sus mentorías desde esta significación.

¿Cómo os afecta y cómo os estáis adaptando a la situación del confinamiento/COVID19?

Las mentoras han comprendido la extraordinariedad de la situación. Acompañar no sólo es estar físicamente. Las mentoras son. Todas las mentorías están funcionando mediante el uso de la tecnología y, fundamentalmente, con seguimientos telefónicos.

¿Con qué dificultades os estáis encontrando estos días? ¿Y con qué apoyos solidarios inesperados?

El impacto individual y comunitario del confinamiento es muy importante. Algunas mentorías incluso se han intensificado, con mucho seguimiento online y telefónico.

¿Qué consecuencias está teniendo la situación actual para las personas mentoradas del colectivo con el que trabajas?

Existe gran preocupación de las profesionales –sobre todo las que están en primera línea de atención en los servicios esenciales– sobre la situación de las mujeres que sufren violencias machistas, más allá de si son mujeres con mentora asignada dentro de nuestros programas. En los casos de mujeres que conviven con los agresores, sabemos que el confinamiento incrementa el riesgo que sufren y que no tienen elementos ni espacios de descompresión social ni profesional. Podemos decir que su situación de encierro es doble y, por tanto, impacta doblemente en sus vidas.

Sin embargo, los proyectos que Dones Mentores tiene en marcha son fundamentalmente programas satélite que complementan la acción de los servicios de atención a mujeres. Debemos subrayar que no estamos en primera línea de atención, ni urgencias ni emergencias. En materia de protección y asistencia a víctimas de violencia de género, nuestros programas no son servicios esenciales declarados durante el confinamiento. En todo caso, las mentoras pueden significar un elemento de protección muy importante. Son siempre “canales–antenas” de traspaso de información relevante a los equipos, en caso de necesidad.

Hay que decir que la mayor parte de las mentorías son a mujeres en sus procesos de salida de las violencias. En la mayor parte de los casos no hay convivencia. Por lo tanto, y afortunadamente, en general no hay situaciones objetivas de riesgo sobre las que incidir.

¿Qué consecuencias puede tener a medio-largo plazo?

Lo ideal es poder volver a la normalidad en las mentorías lo antes posible. Pensamos que cuando la situación de confinamiento acabe, tendremos más trabajo y deberemos duplicar esfuerzos en los acompañamientos. Poder retomar la modalidad presencial y poder desarrollar las mentorías en espacios públicos también de ocio.

Centrándonos en mensajes positivos, creo que la participación comunitaria y la trasformación social propias de la mentoría serán clave para trabajar sobre las consecuencias del confinamiento con las mujeres.

¿Por qué es importante que los programas de mentoría sigan activos durante las semanas de confinamiento?

El tándem mentora-mentorada es fundamental. En algunos acompañamientos de mentoría, las mujeres se sienten ahora doblemente aisladas y vulnerables. Es por tanto muy importante mantener vivo el vínculo. No tendría sentido que las relaciones de confianza desapareciesen por el confinamiento, de la misma manera que todas mantenemos nuestros vínculos personales y profesionales.

La Coordinadora de Mentoría Social reivindica el acceso a las tecnologías de la información y la comunicación como un derecho de primer orden para todas las personas
La Brecha Digital sigue afectando a un 8% de la población española, que verán altamente reducido el contacto con su entorno durante el confinamiento

El actual contexto de crisis causada por el avance del COVID-19 a nivel mundial está evidenciando de nuevo una problemática recurrentemente silenciada en nuestra sociedad: existe una gran brecha digital que, en el momento presente, aísla a las personas y familias más vulnerables de sus contactos y relaciones próximas. En una sociedad ampliamente mediatizada, en la que estamos viendo cuán fundamentales se han vuelto las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), cerca de un 8% de la población española sigue sin tener acceso a Internet, según los datos del INE (2019).

Durante el período de estado de alarma actual, se están dando a conocer multitud de recursos virtuales a través de los cuales se anima a las familias a mantenerse activas y distraídas. Entre otros:

1. Los centros educativos reglados buscan recursos para minimizar los efectos del cierre de las escuelas mediante plataformas virtuales.
2. Los gobiernos habilitan herramientas para el control de la salud de la población a través de aplicaciones móvil.
3. Surgen ideas online para realizar todo tipo de actividades, sobre todo para mantener distraídos a los más pequeños: desde tutoriales para hacer deporte en casa hasta plataformas de streaming.
4. Nos mantenemos en contacto con nuestro entorno y nuestro trabajo mediante herramientas para video llamadas y videoconferencias, a través de las cuales nos podemos seguir viendo y comunicando de manera más o menos cercana.

En este contexto, desde el ámbito de la mentoría social también estamos trabajando para adaptar el trabajo y los encuentros presenciales entre parejas de mentoría al formato virtual, fomentando el uso de nuevos canales que hasta el momento no habíamos explotado. Siendo la mentoría social una metodología de intervención dirigida a personas en situación de vulnerabilidad, nos estamos encontrando con dificultades para garantizar la igualdad de oportunidades ante la forzada adaptación tecnológica de nuestros proyectos, puesto que no siempre los medios propuestos son de acceso universal. Como parte de los colectivos con menos recursos, tanto económicos como sociales, las personas mentoradas que no tienen un acceso regular a tecnologías y a Internet pueden encontrarse aisladas por la pérdida de las relaciones personales.

Las entidades de la Coordinadora de Mentoría Social entendemos la mentoría social como una herramienta de promoción, mejora de la autoestima y apoyo emocional externa al entorno familiar. Con esto en mente, ahora más que nunca las relaciones que la mentoría ofrece son necesarias para sostener la estabilidad emocional. Conscientes de que la situación actual de confinamiento afecta a todas las personas debido a la pérdida de contacto con el entorno social, resulta fundamental que aquellas personas que de por si cuentan con un menor apoyo puedan seguir comunicándose con sus personas de confianza.

La crisis del COVID-19 está, sin duda, afectando al 100% de la sociedad, en mayor o menor grado. Cuán fuertes salgamos de esta situación dependerá de nuestra capacidad de haber construido puentes de apoyo y confianza con los demás. Es por ello por lo que reivindicamos el acceso a Internet y a las TIC como un derecho de primer orden para todas las personas. Con tal de mantener las relaciones de mentoría durante el confinamiento, el acceso a las comunicaciones se convierte en un elemento crucial que determinará, y mucho, la calidad e impacto del acompañamiento. De ahí nuestro llamamiento a las administraciones públicas, así como a las grandes compañías del sector de las telecomunicaciones, a que hagan todo lo que esté en sus manos para garantizar dicho acceso, especialmente para las personas más vulnerables.

Del mismo modo, reivindicamos el derecho de todas las personas a construir relaciones positivas con referentes fuera del entorno familiar, especialmente en momentos como el presente, pero extendiendo esta necesidad a todos los contextos de nuestras vidas. Existe un 50% menos de posibilidades de que se generen relaciones de mentoría naturales positivas en los entornos vulnerables que en los más acomodados. En el contexto actual de distanciamiento social, la Brecha Digital no hace más que incrementar esta desigualdad. Esto deja aun más desprotegidos a colectivos como el de las personas refugiadas y/o migrantes, los y las jóvenes extuteladas, o las mujeres y menores que viven con un maltratador, por citar algunos casos.

La ansiedad, el miedo o el aislamiento social que produce el confinamiento forzado por el COVID-19 son riesgos de los que las autoridades sanitarias están alertando. Con tal de evitar o minimizar situaciones de estrés, es necesario, además de el acceso a información veraz y contrastada, poder seguir en conexión con el entorno, manteniendo las relaciones personales en la medida de lo posible o saber que podemos contar con alguien. Debemos poder informarnos sobre las medidas de prevención y los protocolos en caso de contagio, así como comunicar a nuestro entorno y a las autoridades sanitarias de posibles casos de COVID-19. Por todo ello, desde el sector de la mentoría alzamos la voz para reclamar acceso a las TIC para el 8% y para poder seguir ofreciendo el acompañamiento necesario a las personas mentoradas que están viendo reducidos sus contactos y sus relaciones positivas, imprescindibles para mantener su salud psicológica en tiempos de crisis.


Con este comunicado, nos sumamos a las reivindicaciones de otros sectores que ya están trabajando en esta misma línea, como se manifiesta en los comunicados de la Plataforma del Tercer Sector y la Taula del Tercer Sector.

Desde la Coordinadora de Mentoría Social, como plataforma que promueve la mentoría de calidad en el ámbito de la acción social y, por lo tanto, el desarrollo de vínculos de confianza entre personas, hemos hecho una reflexión alrededor del impacto que el COVID-19 puede tener en los programas y hemos elaborado una lista de sugerencias con el objetivo de ayudarlos a adaptarse a la situación de confinamiento.

Este documento es una herramienta de apoyo, más que un guía a seguir de forma estricta, que ponemos a disposición no sólo de los programas de mentoría social, si no de cualquier proyecto que acompañe a personas. Así pues, será necesario que las indicaciones que aquí damos se adaten a las distintas realidades, objetivos y perfiles de personas destinatarias.

Además de seguir las obligaciones y recomendaciones que el gobierno ha determinado, creemos que desde los programas de mentoría se puede contribuir en la mejora de la situación, desarrollando una tarea de sostenimiento emocional y acompañamiento muy valiosa, especialmente para las personas más vulnerables.

Puesto que nuestras rutinas han cambiado y nuestros movimientos están restringidos a la mínima expresión, es fácil que algunas personas se sientan sobrepasadas y tiendan al aislamiento, aumentando, por lo tanto, su situación de vulnerabilidad. Es por ello por lo que, ahora más que nunca, necesitamos redes de apoyo, espacios de seguridad y relaciones que nos generen confort. En este aspecto, los programas de mentoría cobran un sentido más que relevante en un momento como el actual: sólo si nos sentimos contectados seremos capaces de afrontar esta situación con la fuerza de voluntad, paciencia y estado de ánimo que requiere.

Consecuentemente, las circunstancias nos llevan a incorporar una reinvindicación en esta misma introducción: el acceso a Internet como un derecho de primer orden para todas las personas. Con tal de mantener las relaciones de mentoría durante el confinamiento, el acceso a las comunicaciones se convierte en un elemento crucial que determinará, y mucho, la calidad e impacto del acompañamiento. De ahí nuestro llamamiento a las administraciones públicas, así como a las grandes compañías del sector de las telecomunicaciones, a que hagan todo lo que esté en sus manos para garantizar dicho acceso, especialmentes para las personas más vulnerables.

Desde la Coordinadora queremos ayudar a mantener la red de apoyos y a asegurar que las personas más vulnerables pueden seguir contando con los espacios de confianza que les proporcionan las relaciones con sus mentoras y mentores.

Así pues, nos ponemos a vuestra disposición para lo que sea necesario estos días y, sobre todo, os animamos a adaptar vuestros proyectos para garantizar que los lazos se mantienen, aunque sea de forma virtual.

Este documento ha sido redactado por las distintas entidades que forman parte de la Coordinadora de Mentoría Social con el objetivo de apoyar a todos aquellos proyectos de acompañamiento que encuentran dificultades a la hora de mantener activas las relaciones durante la situación excepcional del COVID-19.

Para más información y recursos, podéis consultar las webs de algunos proyectos que han hecho un trabajo sensacional en la facilitación de actividades y propuestas para mantener las relaciones de mentoría.

Recomendaciones y recursos – AFEV

«Cuidar-nos en temps de coronavirus» – PUNT DE REFERENCIA

Infografia: Com em puc protegir? – SERVEI SOLIDARI

Nos ponemos al servicio de todas aquellas entidades y personas que necesiten nuestro apoyo: coordinadora@mentoriasocial.org